Estancia “La Elisa”

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Ubicación: Capitán Sarmiento, Buenos Aires

Año: 1887 (conclusión obra)

Autor: Ing. Arq. Francisco Tamborino (proyecto)


El monumental casco de “La Elisa” es un ejemplo paradigmático de su tiempo, tanto por su extraordinario valor arquitectónico como por el entramado político que le da origen y que lo enlaza con dos figuras centrales de la Generación del 80. Nos referimos al presidente cordobés Miguel Juárez Celman, casado con Elisa Funes, y a su padrino político –con quien tuvo luego graves desavenencias internas–, el dos veces presidente Julio Argentino Roca, casado con su concuñada Clara Funes. La envergadura del grandioso proyecto encomendado al ingeniero arquitecto Francisco Tamburini, el profesional más destacado del momento, es inusual para aquellos años tempranos y austeros del proyecto liberal en plena formación. Este brillante italiano fue traído por Roca en 1881 para emprender la reforma integral de la Casa Rosada, siendo asimismo autor de los teatros Colón y Rivera Indarte (ver capítulos Gobierno –Tomo II– y Cultura) y de la residencia porteña de Juárez Celman, lamentablemente demolida (ver artículos). El año 1887, fecha de conclusión de las obras, encuentra a este último ejerciendo la primera magistratura, circunstancia de la cual se infiere que esta residencia familiar fue concebida a la escala de un palacio presidencial de verano. En este sentido puede trazarse una relación simbólica y tipológica entre esta obra temprana con otras de concepción monumental que la antecedieron, como el Caserón de Rosas en Palermo (demolido) y el Palacio San José, erigido por Urquiza en Entre Ríos (ver Tomo I). A diferencia de aquellas, cuyo “corazón” eran grandes patios de persistencia colonial, la colosal propuesta tamburiniana consistió en la transposición al paisaje pampeano de un palazzo italiano articulado exteriormente mediante tres cuerpos con loggias, podios y escalinatas resueltos mediante columnatas toscanas con portales de frontones curvos y quebrados. El interior se estructura axialmente mediante una gran rotonda octogonal, como hall distribuidor con cúpula y lucernario, y un pequeño patio de servicio con aljibe en la entrada sur. El lenguaje ecléctico del Academicismo italiano integra con habilidad elementos de la tradición clasicista peninsular, combinando con mano maestra motivos neorrenacentistas, manieristas y barrocos.

Sergio López Martínez


Fotografías: Luis Abregú